martes, 19 de marzo de 2013

"Nadie quiere más que yo"

Carlos Valmore Rodríguez
Tampa

La adrenalina es mucho más que una hormona en Francisco Cervelli. Ella  lo define como pelotero. Le suministra esa energía que la gente llama pasión. Y justo ahora  se desboca por su cuerpo, desatada porque el valenciano, al fin, está licitando para asumir la receptoría de los Yanquis de Nueva York. "La adrenalina siempre está ahí, pero este año es un poco diferente. Ahora las cosas tienen otro color", ratifica el receptor, que lleva diez años imaginando el momento de ser ungido como el careta número uno del club de pelota más famoso de la Tierra.
Él siente que el momento se acerca, pero no quiere quedar en off side.  "Trato de no pensar en lo que pueda suceder ni crearme grandes expectativas", afirma.  "Solo trato de ir día a día, hacer mi trabajo y que ellos decidan, porque al final, no es una decisión mía. Yo solo puedo hacer lo mejor que pueda en el campo y dejar que ellos muevan las piezas como quieran. Yo no sé si habrán visto algo nuevo. Simplemente, la oportunidad llegó gracias la paciencia luego de lo que sucedió el año pasado. Sobreviví a eso".
"Eso" fue el peor momento en la carrera de Francisco Cervelli. Comenzó la temporada en ligas menores y solo lo ascendieron al final de 2012.  Tomó ¡un! turno arriba, contra 124 en 2011 y 266 en 2010.  "Creo que subió y luego retrocedió un poco defensivamente", diserta Brian Cashman, el gerente general de los Yanquis, para explicar la drástica medida de descender al carabobeño. "Por  alguna razón creo que desmejoró desde que llegó a las Grandes Ligas y por eso lo mandamos a Triple A el año pasado".
Eso devastó al jugador de 27 almanaques. Su cascada de adrenalina se volvió un hilillo y quedó un carapacho de Cervelli, aturdido y melancólico. "En aquel momento estaba ciego. Fue duro. A finales de marzo me puse bien negativo",  describe. Su padre y su madre hicieron que viera de nuevo.
Fue una conversación descarnada, difícil, con la franqueza del amor verdadero. Los Cervelli le hicieron entender a su hijo grandeliga que un Francisco así, apagado, exánime, no tenía porvenir y que era el momento de asumir una posición. "Fueron a donde estaba y me dijeron que si yo no quería seguir, que me devolviera con ellos a Venezuela", reconstruye  el bigleaguer.  "Pero que no podían venir aquí a ver jugar a un tipo que no era yo, sin intensidad, sin disfrutar el juego, sin reírme. Que decidiera, porque yo escogí esto cuando tenía quince años, teniendo la oportunidad de elegir entre ir a la universidad o ir al beisbol. Y yo elegí al beisbol.  Ese fue el suiche.  Entendí que no era el momento de bajar la cabeza, sino de tomar impulso".  
Cervelli piensa que sus padres le rescataron la carrera.  "Gracias a ellos salí adelante y volví al carril",  comparte. "Nada mejor que tu familia, porque siempre te dirán la verdad. Estar solo es el problema, porque no encuentras respuesta de nada, no sabes cómo salir adelante. Cuando llegaron mi papá y mi mamá tuvieron que hablarme duro para entender lo que estaba sucediendo". Entonces la adrenalina empezó a manar otra vez, caudalosa. Se abrieron las compuertas de la represa. Y a su paso por el Magallanes, la corriente creció.
"Yo creo que Venezuela fue clave", subraya. "La paciencia del año pasado y haber jugado pelota invernal me ayudaron a trabajar en lo que quería. Siempre hay que estar en el momento y el lugar indicado y quizás en el pasado no hubo el momento indicado. Yo tenía dos años sin jugar en Venezuela porque en las dos campañas anteriores me habían dado golpes, y como era catcher suplente no jugaba mucho. Estaba más chamo, además. Cuando terminó la temporada me subieron a Grandes Ligas y de ahí empecé a tomar las cosas con calma. Fui a Venezuela y disfruté la pelota. Esa es la clave. Trabajar seriamente, pero disfrutar. En Venezuela nunca había vivido un ambiente como el de este año, con un Caracas Magallanes. Y todos los días tenía ganas de ir al estadio, con mis padres en la tribuna. Era lo máximo". 
Esa manera de reaccionar cautivó al mánager, Joe Girardi.  "Esa es tu opción como beisbolista",  refrenda. "Es duro cuando te mandan a las menores después de estar en Grandes Ligas, pero luego la pelota está de tu lado. ¿Qué vas a hacer con el tiempo de juego que vas a recibir en Triple A? ¿Voy a pasar el tiempo bravo, molesto, o voy a pasarlo probando que no pertenezco aquí? Y creo que eso es lo que está tratando de hacer. Trabajó muy duro. Yo pasé por eso y no es fácil de tragar. Y yo no pasé tanto tiempo como él cuando me bajaron. Eso es fuerte, pues hay algo sobre la vida en las Grandes Ligas que es muy distinto a todo. Fue a las menores, enderezó algunas cosas y se está viendo". Así lo percibe también Cashman. "No diría que fue una lección", acota. "Pero más allá de lo que haya pasado, nunca fue cuestión de no jugar duro, o de falta de ganas. Solo que a veces puedes tomar malos hábitos.  El año pasado tuvo la oportunidad de ordenar todo y volver a lo básico con su mecánica detrás del plato".
Recargado de nuevo, Cervelli volvió a Estados Unidos el primero de enero con un propósito: estar listo para jugar 160 partidos. "Vine a trabajar como nadie, porque nadie tiene más ganas que yo. Nadie quiere más que yo", sentencia.   "Trabajé la defensa y el físico: las pesas, correr, muchos ejercicios para las piernas. Me estaba preparando para los 150, 160 juegos que puedo recibir este año".
La perspectiva de sentarse en la misma silla de mitos como Bill Dickey, Yogi Berra. Elston Howard y Thuman Munson turba al criollo.  "Eso es lo más alegre del mundo",  exclama. "La máxima felicidad que uno pueda tener es ver mi nombre en el juego inaugural. Le podré contar a mis hijos que fui catcher titular de los Yanquis, que estoy en el libro y que soy parte de lo que otras leyendas hicieron. Sería uno de los mejores días de mi vida, porque  tengo diez años buscando esta oportunidad".
Cashman cree que va en la dirección correcta. Y Girardi lo secunda.  "Porque en cuanto a habilidades, tiene muchas", manifiesta el gerente general. "Mucha energía, habilidad. Nos ha mostrado cosas buenas este año". "Sí, absolutamente",  respondió el estratega al ser consultado sobre si Cervelli ha hecho progresos para 2013.  "Pienso que jugar todos los días lo ayudó el año pasado. Creo que volvió a ser el pelotero que era antes. Él se metió en un momento malo, pero pienso que ha mejorado tanto en su forma de lanzar como recibiendo". 
Si se queda con el puesto, Francisco Cervelli será emplazado a demostrar que hay capacidad, además de intensidad, para jugar todos los días.  "¿Y por qué no?",  repregunta pregunta Derek Jeter, nada menos que el capitán de los Yanquis y futuro cuadro del Salón de la Fama.  "Ha estado aquí antes, conoce a muchos de los pitchers, puede jugar pelota. ¿Por qué no? No sé cuántos están compitiendo por el trabajo, pero probablemente tiene tan buen chance como cualquiera de los otros".
Para probar que puede, dice Cervelli, solo necesita que a diario lo manden con una mascota a agacharse detrás del home. "Lo que hace falta es juego",  opina. "Con el juego voy a estar cada día mejor, porque uno  nunca termina de aprender. Siempre vas añadiendo cosas, no te puedes conformar. Debes preguntar para, algún día, ser uno de los mejores catchers del juego. O decir en el futuro: yo disfruté la pelota, tuve buenos amigos y fui una buena persona".
Sean amigos o no, fichas importantes en los Yanquis piensan que Cervelli tiene suficiente beisbol en sí para no desentonar como regular en un club como los Yanquis, ganador de 27 Series Mundiales. Comenzando por Chris Stewart, su competidor por la preferencia del mánager Joe Girardi,  "Tiene todo el talento del mundo", piensa Stewart de su colega. "Es capaz de recibir, de lanzar, de correr. Ser consistente en eso puede ser la diferencia entre ser el jugador que es ahora y el que quiere llegar a ser. Estoy ansioso de compartir con él este año, porque es un gran jugador. Es un buen muchacho que quiere dar lo mejor.  Trabaja muy duro para ser lo mejor que pueda ser. No importa donde esté, siempre tratará de ser tan bueno como pueda. Y Nueva York es un buen lugar, porque  tenemos pitchers de calidad".
Con esa lucha por la titularidad, Cervelli ha vuelto a sonreír y la adrenalina abrió el grifo. "No hay que estar feliz por algo que puede suceder, sino estar feliz todos los días", afirma.  "El beisbol es nuestro trabajo y no lo hacemos todo el día. En este momento tengo ese balance en mi vida, que no lo tenía el año pasado. No dormía pensando en beisbol, no pensaba en otra cosa que no fuera el beisbol. Y eso da estrés. Ahora veo todo lo que pasó como un aprendizaje y una motivación. En esta carrera no debes tener expectativas tan altas. Debes mantenerte positivo y trabajando, pero dejar que ellos arriba hagan su trabajo, pues no puedes pretender controlar la oficina. Para eso está ella".
Eso sí, la intensidad y la pasión son irrenunciables. "Yo juego así desde que tengo cuatro años. Siempre ando sucio", confiesa. "Mi mamá me decía que hay una sola manera de jugar la pelota y es como yo la juego. El día que no lo haga, la gente va a dejar de mirarme. Yo no doy 20 jonrones en cada temporada, pero cada persona aporta cosas especiales. Y mientras juegue pelota, lo haré de esta manera. Y en la calle soy igual: nunca paro, siempre estoy con energía. Es mi personalidad. "Sale a ser feliz allá afuera y eleva a todo el mundo con su energía", interviene Chris Stewart.
"Los fanáticos son todo para mí", explica Cervelli su actitud. "Pagan una entrada para ver un buen show. Y no se trata de que voy a ser cosas fuera de lo profesional, ni ser un payaso. Simplemente la gente quiere ver algo diferente, sentir que vale la pena porque uno da la vida por esto. A  las personas les encanta porque en Nueva York están acostumbrados a ver un beisbol muy clásico, a ver gente como Robinson Canó, que se toma las cosas con calma. Pero yo no puedo ser igual". Y qué bueno que no lo sea. "Me encantan los peloteros que juegan con pasión", remata Brian Cashman.
En dos semanas veremos por dónde anda la adrenalina de Francisco Cervelli. Pero C.C Sabathia lo ve como el ganador de la posición. "Yo pienso que está listo para las Grandes Ligas",  declaró. "Está  destinado a serlo porque los otros tienen opciones".

 Recuadro
Un bateador decente
Este fin de semana, la adrenalina recorrió el aparato ofensivo de Francisco Cervelli.  Su primer turno en un juego de exhibición contra los Marlins de Miami terminó en un tanganazo que se fue sobre la valla del leftfield en el George Steinbrenner Field. Más tarde le atraparon una tabla en la pared del right. Argumentos así son los que necesita Joe Girardi para entregarle la receptoría. "Cuando ha estado con nosotros ha hecho su trabajo ofensivo", relató Girardi.  "Lo que quiero decir con eso es que ha movido a los corredores cuando debe hacerlo, los ha empujado cuando ha sido necesario. ¿Lo veo como un pelotero que dará 30 jonrones? No, pero pienso que puede hacer el trabajo ofensivo y que sabe manejar el bate. Y para él eso es importante".
Los batazos le sirvieron como reafirmación a Cervelli, que apenas supera los .200 en la primavera. "A pesar de que el average no lo dice de esa manera, he estado bateando muy bien. He tenido contactos excelentes", dijo. "En Venezuela bateé muy bien y cada día tengo más confianza. Uno tiene que estar seguro de las cosas que puede hacer como bateador. Yo no soy un bateador de poder, siempre tengo que mantener la mentalidad de qué puedo hacer en el juego y para qué estoy aquí. El trabajo principal es la defensa, pero sé que puedo contribuir a la ofensiva. Aquí tenemos gente que batea jonrones, así que no puedo aspirar a sacar la bola todos los días".
Recuadro
Se entiende con los pitchers
Una de las razones por las cuales Francisco Cervelli puede competir por la posición de receptor en los Yanquis es su simbiosis con los pitchers. "Cervi' me conoce, tenemos una buena relación dentro y fuera del campo y eso nos ayuda,  porque tenemos buena comunicación", dice C.C Sabathia, el as de los neoyorquinos.  "Hay momentos en los cuales ni siquiera necesita darme las señas. Podemos vernos nada más. Eso es importante". Cervelli ha construido esos lazos. "Para eso debes conocer la personalidad de cada lanzador", ilustra. "No a todos se les puede hablar igual. Y debes hacerles saber que estás allí solo para ellos, bloqueándole pitcheos, haciendo cualquier cosa".
Cervelli le agradece mucho de lo que es a Jorge Posada, el catcher boricua con el que los Yanquis ganaron cuatro clásicos de octubre.  "Jorge es increíble", afirma el valenciano. "Fue uno de mis maestros y lo sigue siendo. Tenemos contacto y siempre está allí. Es la persona a la que quieres preguntarle, porque nunca vi un catcher que trabajara más que Jorge. Y lo puedes ver. Tiene cuarenta y pico y pudiera estar jugando todavía. Eso significa que tuvo una vida sana y de trabajo. Me decía que dejara de trabajar cuando me retire". 

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