domingo, 7 de junio de 2015

Marco Davalillo estará en el nuevo cuerpo técnico de Magallanes



Carlos Valmore Rodríguez
Marco Davalillo, elegido dos veces como mejor mánager de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, será el coach de tercera base de los Navegantes del Magallanes en la temporada 2015-2016. Reemplazará a Víctor Oramas, quien se trasladará a la caja de primera en sustitución del exgrandeliga Edgardo Alfonzo, quien no repetirá como integrante del cuerpo técnico del equipo.
Davalillo fue el  piloto más destacado de la LVBP en el certamen 2007-2008, cuando dirigió a Caribes de Anzoátegui, y luego repitió en la lid 2011-2012, esa vez al frente de los Tiburones de La Guaira. También fue coach de la selección nacional de Venezuela en el Clásico Mundial de 2013 y es uno de los candidatos que maneja la Federación Venezolana de Beisbol para tomar el volante  de la Vinotinto en el CMB de 2017. Durante el campeonato pasado no trabajó en la pelota local, pero halló empleo como mandamás en el torneo mexicano de verano con los Rieleros de Aguascalientes. Regulará el tráfico hacia el home para El Almirante Carlos García, quien seguirá en el puente de mando.   
Roberto Ferrari, quien ayer fue escogido como nuevo presidente de la Junta Administradora de los Navegantes, informó que el instructor de lanzadores de la nave será el antiguo pitcher de Grandes Ligas Bronswell Patrick, quien jugó dos temporadas en las mayores y ahora tiene a su cargo a los monticulistas asignados a los Chihuahuas de El Paso, estación AAA de los Padres de San Diego. Patrick sabe de qué va esta liga porque vino en cuatro ocasiones como serpentinero importado, la última vez en la entrega 2005-2006. Se uniformó con los Leones del Caracas, los Cardenales de Lara y los Tiburones de La Guaira. Su efectividad global en ronda eliminatoria fue de 5.20 en 81.1 entradas. Tomará el lugar de Edwin Hurtado, quien a su vez suplió a Roberto Espinoza cuando este renunció y se fue a probar suerte a Taiwán.
El asistente a los bateadores será Leon Durham, un exartillero zurdo con diez campañas de recorrido por el circo máximo, donde fue convocado a dos Juegos de Estrellas –en 1982 y 1983- y ganó un Bate de Plata en 1982 con los Cachorros de Chicago. También se le recuerda por un costoso error que cometió como inicialista de los Cubs en el quinto desafío de la Serie de Campeonato de 1984 entre los oseznos y los Padres de San Diego, al estilo Billy Buckner con los Medias Rojas de Boston en la Serie Mundial de 1986. Se mantuvo en MLB entre 1980 y 1989 y se retiró como pelotero en 1995.  “Tiene 20 años de experiencia como técnico y actualmente trabaja con los Mud Hens de Toledo, la AAA de los Tigres de Detroit”, acotó Ferrari. Richard Hidalgo cooperará con él. Ramón García se mantendrá como coach de bullpen, en tanto que Omar Malavé y Gregorio Machado fueron ratificados como coach de banco y coach asistente, respectivamente.
Anoche quedó definida la nueva Junta Administradora, presidida por Ferrari. Maximiliano Branger fue reelecto como vicepresidente, Miguel Ángel Bello será el nuevo tesorero y Héctor Arias se estrenará como secretario. Gastón Brunicardi, Aldo González, Eduardo Mirabal, Andrés Degwitz y Mauricio Correa serán los vocales. “Esperamos recuperar el título perdido en la temporada pasada”, declaró Ferrari. “Le daremos oportunidad a varios pitchers criollos que vienen subiendo y a jóvenes como Eduard Pinto, José Rondón y José Briceño, que tendrán chance de estar en acción, sobre todo al comienzo del torneo”.    

lunes, 20 de abril de 2015

El discípulo de Blasini

Hace seis años, Luis Blasini descubrió un heredero. Un imberbe de 16 años de edad osó abordarlo en un Magallanes-Caracas para sugerirle ideas para reflotar a la nave, lo que equivale a decirle cómo hacer su trabajo. La identificación fue inevitable. Él mismo, siendo un cursante de abogacía cualquiera, tuvo la frescura de presentarse ante la directiva naval como el ejecutivo del mañana. En vez de sacudírselo, el recién nombrado gerente deportivo de los turcos escuchó durante nueve innings al intrépido fanático en las delirantes tribunas del estadio Universitario. “Me recordó lo fiebrúo que era yo a esa edad”, apostilla el ex coordinador de la divisa valenciana.
Desde entonces, César Collins es el discípulo más aprovechado de Blasini, el que seguirá sus pasos ahora, cuando se va. “Soy de su escuela. Mucho de lo que aprendí se lo debo a él. Soy de los que cree que siempre hay que buscar varios catchers. Estoy sumamente agradecido”, consigna el pupilo.
Collins es heredero, mas no delfín de Blasini. Acérrimo magallanero, la corriente lo arrastró hasta las costas de La Guaira, donde lo nombraron asistente a la gerencia deportiva con 21 años de edad y seis semestres aprobados en la escuela de comunicación social de la UCV. Debe ser el único miembro de una directiva de equipo en la LVBP que aún vive con sus padres. Blasini, que se precia de reconocer el talento, garantiza que triunfará. “Yo me la paso en un terreno de beisbol todos los días de mi vida. Sé reconocer cuando alguien sabe de pelota. Y César sabe”, subraya su mentor.
Todo comienza en 2009, cuando César Collins era César Bernardos, un adolescente de buena posición que quería ser beisbolista. A los 16 años, cuando los peloteros alcanzan la mayoría de edad, César recibió una beca para ir a jugar a una universidad en Estados Unidos. Tenía hasta pasaje comprado cuando una semana antes de viajar se lesionó un hombro en impetuoso deslizamiento durante un partido de categoría juvenil. Perdió la beca y el tren de pelotero partió sin él. Fue la primera intersección de su vida. “Pero yo quería seguir en el mundo del beisbol”, relata César. Sin problemas de baja autoestima, pensó que podía ser mánager sin cumplir los 18. Y lo fue con una escuadra de la liga universitaria de la UCV, donde tendría que dirigir a hombres mayores que él.     
“Al principio fue complejo porque costó conseguir peloteros que quisieran jugar en mi equipo”, admite Bernardos en su espaciosa oficina de los Tiburones. “Armamos el equipo con jugadores que no quedaron en el resto de los equipos de la liga. Dirigí dos años en esa liga. El primer año quedamos terceros entre 25 equipos, cuando el año anterior, ese mismo equipo había quedado entre los últimos”.
Este temprano éxito fortaleció su ya robusta autoconfianza, una de sus señas particulares. César fue beisbolero y desinhibido desde la niñez. A los seis años era abonado de los Leones para ver al Magallanes en Caracas y en uno de los duelos entre los eternos rivales apareció por el Universitario un almirante de la nave: Johan Santana. Un autógrafo era prioritario. “Le dije a mi mamá que no sabía cómo, pero que lo iba a conseguir”, describe la escena el funcionario de los escualos.  “Me fui a la puerta del dugout y estaba Clemente Álvarez. Le digo lo de la firma y él me contesta que baje yo y pase. No había terminado de hablar cuando bajé por mi cuenta. Lo conseguí. Desde entonces estuve bajando a la cueva y le pregunté a Pedrique, a Edgardo Alfonzo y a Jorge Cortez sobre cosas del juego que no entendía por qué se hacían”.  
Una vez encaró a un hijo de Camaleón García, que lo dirigía, luego de que lo sentara en un juego. Tras el último out, García reunió a los chamos para analizar la derrota. Bernardos tomó la palabra.   “Le dije que no sabía qué clase de beisbol jugaba él, que estábamos perdiendo porque él tomaba malas decisiones”. Contaba 13 años de edad.
Vacunado contra el temor al fracaso, César porfió en su meta de ser mánager, su vocación primigenia. Puso a su papá de coach y se presentó un problema al firmar las planillas: había dos César Bernardos, padre e hijo. “Como había que diferenciar nuestras firmas en el lineup, y yo admiraba a mi abuelo Héctor Collins, empecé a usar el Collins en homenaje a él”. Desde entonces ya no es César Bernardos, sino César Collins, que viene a ser una especie de nombre “artístico”.
Con ese nombre fundó una academia de beisbol por la cual mantuvo el contacto con Blasini, que además le había hecho pruebas cuando César se proyectaba como jugador. Blasini, scout de peloteros, esta vez fue scout de scouts. Percibió que Collins concebía el beisbol de la misma forma que él y con 18 años de edad,  y para la campaña 2012-2013, César fue contratado como scout de avanzada, un espía del beisbol que nutre de información sobre el enemigo a los oficiales que toman las decisiones. “Nosotros trabajábamos con un sistema de scouteo que, a la mayoría de la gente, había que explicárselo dos veces. César lo captó de una. Con él las cosas fluyeron porque es un muchacho de buen criterio y deseos de aprender. En sus informes leías exactamente lo que querías ver”, atestigua Blasini. Una semana de curso intensivo con Blasini y ya Collins, armado con un ipad, mandaba reportes sobre los contrarios a la oficina del Magallanes, siempre con el método que aprendió de Blasini. En esa contienda, los Navegantes ganaron su primera corona desde 2002.  
Su trabajo como scout de avanzada fue toda una yincana. Magallanes no carnetiza a sus espías y con esa cara de hijo de abonado de la segunda fila, nadie le creía el cuento del scout.  “Blasini tenía que llamar a Armando Padrino (el encargado del estadio) para que saliera a reconocer a un muchacho que era muy joven”, retrocede en el tiempo Collins.  “Para entrar al terreno tenían que autorizarme y fui conociendo al personal de seguridad”. Una incursión suya en el clubhouse del Caracas hizo que los Leones enviaran una nota de protesta a la Liga. “Yo solo quería hacerle el puente a las Águilas de Veracruz con Alex González, porque querían llevarlo para allá, pero el Caracas creía que estaba sonsacando a sus peloteros”.
Hasta entonces, la Guaira era para Collins un blanco de scouteo y una fuente en la primera experiencia periodística del joven aspirante a comunicador: la página web traslajugada.com. Hasta que, en el semestre pasado, le tocó ver una materia con Antonio José Herrera, vicepresidente de los Tiburones. “Me preguntó para qué medio trabajaba yo, porque me veía bastante en el Universitario”, recuenta Collins. “Le dije que era scout de avanzada y quedó impresionado de que hiciera eso tan joven. Conversamos bastante y al terminar la temporada me dice que había una posibilidad de trabajar con Tiburones en un cargo administrativo, el que ocupaba Manuel Rodríguez. Nos íbamos a dividir las funciones entre Alejandro Padrón y yo. El cargo es asistente a la gerencia deportiva. Debemos coordinar hoteles, transporte, pago a los peloteros, que los contratos estén firmados y en orden”.  Herrera describe su función como “el componente administrativo de la gerencia deportiva”.
Cuando se le pregunta a Herrera qué puede ofrecerle a La Guaira un muchacho de 21 años de edad, él voltea la pregunta. “No es lo que él puede ofrecernos ahorita, sino lo que puede dar en el futuro”, sostiene. “Él va a trabajar específicamente con Jimmy Meayke en el área de scouteo y desarrollo de jugadores. Él y Alejandro Padrón son el elemento coagulante de nuestra gerencia, porque están siempre en la oficina y no tienen compromisos con organizaciones de Grandes Ligas, sino con nosotros únicamente. Él ahorita es poco más que un pasante, pero queremos que Tiburones sea una escuela en la que formemos gerentes a futuro con el fin de profesionalizar las actividades del equipo. Jorge Velandia, nuestro gerente deportivo, lo entrevistó y a él le gustó mucho”.  
En su hoja de scouteo, Blasini proyecta a Collins como alguien que “va a ser muy útil a cualquier club del beisbol venezolano”. Además, le ve potencial para “hacer carrera en organizaciones de Grandes Ligas”. Pero el asunto es que Collins, más que gerenciar, quiera “manayar”. Y cree poder hacerlo en Venezuela dentro de tres años.  “Hace dos años le dije a alguien que en cinco años me veía dirigiendo en esta liga. Me quedan tres”, predice con su seguridad de siempre. “Es pronto, pero es la meta que me puse. Me trazo metas y la mayoría las he cumplido. Nadie veía factible que yo estuviera hoy aquí. No digo que sea fácil”. Por lo pronto, meterá pocas materias en el séptimo semestre de periodismo. En el primero de gerencia deportiva verá las tres marías: Alex Cabrera I, Edgmer Escalona I, Francisco Rodríguez I. Él dice que no les tiene miedo y que, si se aplica, aprobará. 

jueves, 16 de abril de 2015

Blasini renunció a la gerencia deportiva del Magallanes

Carlos Valmore Rodríguez 
Seis temporadas, dos campeonatos seguidos, cuatro finales, cinco playoffs, 203 victorias, 175 derrotas, casi cien importados firmados, doce grandeligas obtenidos en intercambio, cinco mánagers contratados, cuatro series particulares ganadas al Caracas. Esa es, en cifras, la época de Luis Blasini como gerente deportivo de los Navegantes del Magallanes, que ha llegado a su fin.
Él mismo lo dio a entender cuando la galera perdió la final de la campaña 2014-2015. “No sé si regrese”, afirmó el 28 de enero  este tripulante de la nave por casi tres lustros. Y no se irá del todo. “Se mantendrá con nosotros como asesor”, explicó una fuente oficial del equipo. “Lo que pasa es que él tiene proyectos personales que atender y requiere tiempo para ellos”. Blasini explicó que, por compromisos personales, no podrá estar en el puente de mando a tiempo completo. “Entre octubre y noviembre no voy a poder estar en Valencia”, se justificó quien también se desempeñó como secretario de viajes y asistente al presidente.
En principio, nadie lo reemplazará en el cargo porque la gerencia deportiva, como tal, desaparecerá. Sus funciones las reabsorverá la Comisión Deportiva, a la cual Blasini va a asesorar. Él apoyará con sus contactos y relaciones. Y opinará. Se espera que Roberto Ferrari asuma roles de mayor envergadura cuando se produzca la elección de la nueva directiva. Ferrari dijo estar a la orden en caso de que la institución le ofrezca la Presidencia de la Junta Administradora, el más alto cargo de gobierno en el organigrama del club. Ferrari es el único integrante de la actual directiva que se ha mantenido ininterrumpidamente dentro de ella en los últimos veinte años.   
Los Bigleaguers. 
La de Blasini fue la administración de los grandeligas, y más específicamente, de los catchers grandeligas. Mientras estuvo al frente de la gerencia deportiva, la organización obtuvo a Ramón Hernández, a Miguel Montero, a Humberto Quintero, a Francisco Cervelli y, por último, a Jesús Sucre. De ellos, Hernández fue el que rindió mayores dividendos en ese periodo, aunque no como catcher, sino en calidad de inicialista y designado. Como magallanero, el sucrense golpeó para .340 en playoff y fue el Más Valioso de la final en la contienda 2013-2014. Y hubo más bigleaguers. Con Blasini al frente (y Roberto Ferrari como negociador habitual), el Magallanes incorporó a los infielders Andrés Eloy Blanco, Ronny Cedeño, Jonathan Herrera y Alberto Callaspo, así como a los lanzadores Carlos Zambrano, Fernando Nieve y Yusmeiro Petit, un ex magallanero al que recuperó luego de enviarlo a Bravos de Margarita. 

También consiguió, vía canje, a jugadores que, sin ser grandeligas al momento de su llegada, resultaron de gran utilidad para la nao, como el toletero Mario Lisson (quien en enero de 2014 construyó el récord de diez jonrones para el round robin), el relevista Amalio Díaz (3.19 de EFE como filibustero), el patrullero Frank Díaz (de sobresaliente ejecutoria en la 2013-2014) y el taponero zurdo José Mijares (1.71 en su estreno con el club). También llevó futuro a Valencia, en las personas del catcher Tomás Telis y el taponero Bruce Rondón (ambos graduados de grandeligas luego de ser transferidos a La Michelena). No hubo equipo con el cual no hiciera trueque ni año sin movimientos. 

Para hacerse de todas estas figuras, Blasini pagó una elevada tasa de impuesto al lujo. Debió entregar a Ernesto Mejía, Novato del Año, mejor productor y dos veces Jugador Más Valioso con las Águilas del Zulia; a Balbino Fuenmayor, una de las principales atracciones del campeonato anterior con Caribes de Anzoátegui y quien le sonó a los Navegantes un doloroso vuelacerca en la final pasada; a Yusmeiro Petit, quien a su partida del José Bernardo Pérez fue Regreso del Año con Margarita y coronó como refuerzo a los Tigres de Aragua; a Freddy Galvis, hoy por hoy campocorto titular de las Águilas y  los Filis de Filadelfia; a Alex Torres, a la fecha grandeliga y uno de los lanzadores más efectivos de la LVBP desde su llegada al Zulia, con 3.45 de efectividad. Del mismo modo cedió a José Pirela, también bigleaguer, Novato del Año, Guante de Oro y bateador de .303 en cinco torneos con los marabinos.
Hubo rotundos fracasos, como el de Humberto Quintero (que nunca jugó) y el de Fernando Nieve (que pitcheó poco y mal como magallanero). Aún así, durante el ciclo Blasini no hubo una novena más finalista que los Navegantes ni una que le superara en juegos ganados.      
Uno de los grandes aciertos de Blasini fue sumar, sin entregar nada a cambio, al artillero Eliézer Alfonzo, a quien recogió luego de que Caribes de Anzoátegui lo dejara libre. “El Matatán” sacudió 26 jonrones en dos campañas con los eléctricos y  fue esencial en la conquista del cetro de la 2012-2013, el primero que obtuvo la franquicia en once años. Gustavo Chacín, otro jugador que agarró del suelo, ofrendó un nutritivo tributo como miembro de la rotación en esa misma zafra. 

Blasini afrontará nuevos retos. Criticado al punto de que su cabeza llegó a pender de un hilo, logró legitimarse con el “bicampeonato”. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El poder al bate


Carlos Valmore Rodríguez 
Los Tigres de Aragua añadieron poder esta semana, con un ministro en su roster.  
     Antonio “El Potro” Álvarez,  ex grandeliga y titular de la cartera del Deporte de la República Bolivariana de Venezuela, se activó a sí mismo y  volverá a ser pelotero por un día tras dos años de retiro. Su nombre fue incluido en el plantel semanal de los felinos como jardinero y este viernes despachará desde Maracay con el uniforme de Aragua, el único que le faltó en su  discurrir por la LVBP. Usará el dorsal 56, que lo acompañó en casi todo su largo viaje de 14 temporadas.
“Se lo merece. Este año ha hecho mucho por el beisbol”, opinó Carlos Guillén, presidente de los bengalíes y antiguo compañero de Álvarez en los Navegantes del Magallanes.“Ha estado entrenándose y quería retirarse con los Tigres. Aún no sabemos cuántos turnos tomará ese día. Dependerá de cómo vaya la partida”. El lance, que no fue incluido en la tarifa de los abonados del estadio José Pérez Colmenares, será contra Águilas del Zulia, que había sido su último elenco en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional  (2012-2013).
 Luego se dedicó por entero al canto y luego a la política como candidato a alcalde del municipio mirandino de Sucre y más tarde como cabeza del deporte en Venezuela en el gabinete del presidente Nicolás Maduro Moros. Se le considera uno de los artífices de que el beisbol venezolano recibiera dólares a 6,30 bolívares para armar el actual torneo.
Álvarez debutó con los Leones del Caracas en la campaña 1996-1997 y luego militó en el Magallanes, en los Tiburones de La Guaira, en Caribes de Anzoátegui y en el Zulia. También reforzó en postemporada a  Pastora de los Llanos (hoy Bravos de Margarita) y Cardenales de Lara. En su memoria y cuenta resalta el Guante de Oro y el campenato de bateo que ganó en la edición 2000-2001. Su average vitalicio se detuvo en .282, con 46 jonrones y 191 carreras empujadas. Su gestión en MLB para los Piratas de Pittsburgh -en 2002 y 2004-  constó de 64 turnos.  Fue miembro de la primera selección nacional que asistió al Clásico Mundial de Beisbol (2006).
     
 Pino podado.  Diciembre da y quita al beisbol profesional  venezolano. A los Tigres de Aragua les ofrendó a Wilson Ramos, pero hasta el 30 de diciembre; les trajo a Freddy García, pero amenaza con arrancarles a Yohán Pino, uno de los puntales del bullpen. 
Los Reales de Kansas City, que acaban de incluirlo en roster de 40, quieren que Pino llegue fresco al spring training. “La idea es que alterne como abridor y relevista largo. Al equipo le gustó la manera como lanzó contra ellos  con los Mellizos de Minnesota este año”, precisó Richard Castro, scout en Venezuela de los actuales campeones de la Liga Americana. “Por eso no quieren que lance más aquí”, añadió Ilich Salazar, gerente deportivo de los Tigres, quien también informó que Pino está negociando con su nuevo equipo en las mayores un salvoconducto para  quedarse hasta el término de la ronda eliminatoria.
Los Tigres lograron que los Nacionales de Washington le permitieran a Wilson Ramos ser catcher tres veces a la semana, pero no acompañará a Aragua en su expedición por el round robin. “Tiene permiso solo hasta la ronda regular”, precisó su agente, Wilfredo Polidor. En cuanto al prospecto Ramón Flores, permanecerá con los rayados hasta el 8 de enero. Aragua busca un relevista y un jardinero  en República Dominicana.   

martes, 2 de diciembre de 2014

El manager del futuro

Carlos Valmore Rodríguez
A sus tiernos 21 años de edad, Omar López ya era ex pelotero. Cuando la carrera de sus compañeros de generación estaba comenzando, la suya tocaba fin.  El diagnóstico de López sobre su propio caso trae incluida una confesión: “no trabajé lo suficiente ni le dediqué el tiempo necesario. Cuando quise dedicarme, ya era tarde”. Y también un propósito de enmienda: como técnico, pocos se esfuerzan como él.
Su personalidad empeñosa ha favorecido su triunfo como mánager en Estados Unidos y propiciado un venturoso inicio de temporada como piloto debutante en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. En su estreno, López dirige al club más ganador de la contienda (Caribes de Anzoátegui) y se le entregó la conducción del bando de astros del mañana en el Juego de Estrellas. Los adjetivos inteligente y trabajador aparecen en todos los testimonios sobre este valenciano ambicioso que se propuso ser mánager en Venezuela antes de cumplir los 40 años y lo es a los 37. Es menor que Tomás Pérez, uno de sus dirigidos. Es casi contemporáneo con algunas de las figuras de su equipo, como Oscar Salazar. Pero sabe hacerse respetar. “No tengo que ser un dictador para impartir disciplina”, subraya López, cuya santísima trinidad beisbolera la conforman Alfredo Pedrique, Pablo Torrealba y Andrés Reiner. Pedrique es su druida particular, el hombre junto al cual dio sus primeros pasos como coach en Venezuela, apenas entrado en la treintena y con la casaca de los Navegantes del Magallanes. De él heredó el puesto de mánager de Caribes de Anzoátegui y muchos de los conocimientos que pone en práctica. “Es un tipo inteligente, organizado y que se hace respetar”, piensa Pedrique sobre su pupilo y sucesor. “Conoce el juego, tiene conocimiento de todas las áreas, es muy responsable y se comunica bien con los peloteros. Tiene la facilidad para comprenderlos, para saber cuándo llamar la atención, cuándo corregir, cuándo felicitar”. 
El mirandino Ernesto Genovés, quien jugó tres años para él en las categorías inferiores de los Astros de Houston, ofrece una visión sobre López que coincide con la de Pedrique. “Cuando él ve que alguien necesita ser aconsejado se acerca a esa persona. Se maneja bien con la gente. Y ha ido mejorando con los años. Al principio creo que sobredirigía un poco, pero cuando lo tuve de conductor en clase A media dejaba jugar más. Como mánager es bastante latino: le gusta el bateo y corrido, ganar la base extra. Claro, dependiendo de la situación. Por eso sus resultados han ido mejorando”. Ha progresado al punto de ser mánager campeón en Estados Unidos y piloto del equipo de los astros emergentes en el próximo Juego de Estrellas de la pelota venezolana.
Obra a su favor el hecho de conocer casi todas las áreas de la disciplina a tan corta edad. López ha jugado, ha dirigido, ha scouteado, ha coordinado. Polifacético, ha desarrollado una visión integral del beisbol que aplica en la toma de decisiones. “Todo lo que quiere una organización de un técnico, él lo tiene. Sabe convencer, le llega a los peloteros, es un clavo enseñando, puede ser instructor de bateo y de fildeo y se dedica al 100%”, asegura Rafael Cariel, formador de jugadores de los Navegantes del Magallanes y quien conoce a López desde que el timonel de los Caribes jugaba con la nave en la paralela.  
La vida de López como técnico tiene partida de nacimiento: 22 de mayo de 1998, la misma fecha en la cual sus sueños de pelotero recibieron los santos óleos. Ese día los Cascabeles de Arizona, que lo tomaron de los Medias Blancas de Chicago en draft de regla 5 de ligas menores, lo dejaron libre. Contaba 21 años de edad y apenas iba por clase A media. Su representante le dijo que se quedara en Estados Unidos a la espera de una posible oferta de alguna liga independiente. Él optó por regresarse a Venezuela y tocar la puerta de Andrés Reiner, quien coordinaba la academia de los Astros de Houston en Guacara, estado Carabobo. “Me levanté un día y decidí preguntarle a Reiner. Yo iba a hacer lo que él me dijera”, recuerda López, quien por entonces seguía en la paralela con el Magallanes, que mantenía una alianza de trabajo con los siderales. De ahí la confianza con Reiner, quien quiso firmarlo para los Astros cuando lo vio jugar tercera base en La Isabelica con Pumas, un equipo de beisbol menor. “Por varios meses lo visité en su casa y hable con él y su padre, que tenía interés por firmarlo para la Organización de los Astros de Houston”, contó Reiner a través de un correo electrónico. “Ellos oyeron, pero no parecían muy interesados, aunque yo seguí visitándolos varias veces. Se decidieron a firmar con los Medias Blancas de Chicago, a pesar de que les dije que no les convenía. Cuál sería mi sorpresa cuando se presentó en nuestra academia en Venoco una mañana y me dijo que el quería seguir en el beisbol como técnico y que si yo lo podía ayudar”.
“Le dije que sí con una condición”, prosiguió Reiner. “Que tenía que venir siendo simplemente un invitado, pero trabajando como los que tenían contrato, con diligencia, puntualidad y disciplina. Le dije que se podía quedar en esas condiciones el tiempo necesario para desarrollarse como un futuro técnico”.
López solo pidió cinco minutos para pensarlo. Fueron 300 segundos para tomar una gran decisión: renunciar definitivamente a su ilusión de beisbolista, que fue creciendo  a lo largo de varios años en Criollitos de Venezuela. El joven estaba resuelto: seguiría en el beisbol, pero afuera de las rayas de cal. Por seis meses trabajó de sol a sol para los Astros sin remuneración alguna. “Yo vi capacidad y deseo durante ese tiempo y como la academia estaba en crecimiento creí oportuno ofrecerle un contrato para que trabajara con nosotros”, describió Reiner.  Yo tenía poder de decisión al respecto y solo debía avisar que teníamos un técnico nuevo y notificar su  sueldo”. Con López, Reiner hizo una excepción, pues no tenía por política usar visas de trabajo para peloteros cesantes. El gurú de origen húngaro disponía de motivos para darle trato preferencial al joven valenciano. “Siempre fue un gran trabajador y dedicado. Tenía desde el principio una facilidad para evaluar a los jugadores en el trabajo de infield. Ese era su punto fuerte al inicio, pero claro, con el tiempo se fue aplicando en todas las fases del juego. Al principio era un poco "fosforito" en cuanto a paciencia, pero supongo que con los años eso se fue corrigiendo”.  
Así comenzó la etapa de técnico de Omar López, que él espera termine en las Grandes Ligas. Quedaba atrás una fugaz vivencia como jugador, en la que siempre mostró destrezas defensivas, pero poco poder. “Tenía un bate de cartón”, recuerda Gregorio Machado, a la sazón coach del Magallanes y scout de los Mets de Nueva York. “La verdad es que era más malo que la palabra”, se carcajea Rafael Cariel. En su descargo, López declara que, al menos, mostraba buen contacto. Pero cuando empezó a estudiar el arte del scouteo se dio cuenta de que Arizona le hizo un favor ese 22 de mayo del 98, que hasta entonces había considerado uno de los días más ingratos de su corta vida. “Años después, cuando fui a aprender scouteo en República Dominicana, me di cuenta de muchas cosas, entre ellas que, como pelotero, llegué hasta donde podía llegar”.
López aterrizó en el beisbol por pura convicción. Hijo de un empleado de la General Electric y de una contadora pública, no había pelota en sus cromosomas, pero sí en su espíritu. “Como jugador era fuerte de carácter”, expresa Pablo Torrealba, ex grandeliga y quien considera a López uno más de su familia, pues es gran amigo de su hijo Steve, quien también llegó a las mayores. “Era el tipo de pelotero que peleaba por el juego, al que le dolía demasiado perder. Se frustraba, tiraba el casco, los bates. Pero al ser un hombre casado, con dos niños, tenía que fundamentarse y adaptarse a nosotros. Trabajaba de seis a seis, se mostró como un muchacho trabajador, preparado. Por eso el señor Reiner abogó por él y pidió un cupo más, a pesar de que era difícil, porque los cupos de visas estaban completos”.  
López comenzó como scout-instructor y los Astros lo involucraron en sus discusiones en la academia de Venoco. Fue director de operaciones administrativas de Houston en la Venezuelan Summer League, instructor de infield en liga de novatos en Estados Unidos, mánager en Rookie League y en clase A media y ahora conduce a Caribes hacia una temprana clasificación que podría darle votos para el Mánager del Año. “Fue lo que puso Dios en mi destino”, piensa López, que espera conquistar, como técnico, lo que le quedó grande como jugador: las elevadas cumbres de Major League Baseball. “Si le puedo dar un consejo es que no se rodee de gente por la comodidad de conocerlos, sino por la capacidad de trabajo”, le recomienda Reiner. “El beisbol ha evolucionado mucho en los últimos 15 años, así que necesitará gente que esté al día. El pasado es historia y con eso no se trabaja”.