domingo, 14 de mayo de 2017

Jeter se fue a su manera

My Way  es la biografía musicalizada de Derek Jeter, letra de su autoría y melodía de Frank Sinatra. Nos habla de un hombre que, tras mucho recorrer, se acerca al final del camino, pero se marcha sin arrepentimientos porque  vivió una vida plena e  hizo lo que tenía que hacer “sin deber nada a nadie”. El número 2 inspiró el tema antes de nacer.  Parece que lo compusieron en su honor ese mágico viernes por la noche en Yankee Stadium, cuando con una línea  dejó tendidos  a los Orioles de Baltimore para despedirse victorioso de su aposento de El Bronx.
Sí, se fue a su manera.
En la homilía final  ante su feligresía, Jeter practicó dos de las grandes virtudes por las cuales el beisbol lo canonizará en 2020: responder en la hora cero y servirse de la banda opuesta, don que explotó con maestría desde novato. El cine habría convertido un podrido a la altura del séptimo inning en  pletórico misil disparado por el héroe para sentenciar la victoria postrera. No hubo que fabular nada. Jeter lo dispuso así en su testamento. Es que lo dice My Way: “planeé cada trazo de mi curso, cada paso cuidadoso a lo largo del camino. Pero, mucho más que eso, lo hice a mi manera”.  
Para coronar la epopeya que superó a la ficción, Jeter pegó hit en el último turno de su existencia y además en Fenway Park,  homenajeado por una salva de aplausos que vinieron desde donde más lo odiaban en todo el mundo. Fue Aníbal aclamado en Roma, Jerjes cargado en hombros por las calles de Esparta.
El hombre de My Way tuvo “sus victorias y su cuota de derrotas”, como Jeter. Vaya si ganó. Pegó 3.465 hits para quedar sexto de todos los tiempos en las mayores. Conquistó cinco Series Mundiales, siete campeonatos de liga, 13 banderines divisionales. Atesora el premio al Más Valioso de la Serie Mundial de 2000, el Novato del Año, cinco Guantes de Oro, cinco Bates de Plata, 14 llamados al Juego de Estrellas, nueve de ellos como titular. Dejó promedio vitalicio de .310. Representó a su país en el Clásico Mundial. En los juegos en los cuales participó, los Yanquis tuvieron 511 victorias sobre el punto de equilibrio de .500. En términos puramente individuales, no ha habido pelotero más triunfante que el hombre cuyo número 2 fue retirado la tarde del 14 de mayo de 2017, menos de tres años después de su pase a retiro. “Pensar que hice todo eso. Lo encuentro tan asombroso”, entonan a dúo el cantor  y el campocorto.
Y la inmensidad de Jeter no se elabora solo con estadísticas. Fue capaz de derramar sangre por sus Yanquis, y es literal. ¿Recuerdan cuando se empotró en las tribunas y le pegó la cara a las sillas en su afán de atrapar un foul? Solo le importó hacer el out. Y de nuevo la analogía con My Way: “La historia muestra que recibí golpes, y lo hice a mi manera”.  
Además, la naturaleza lo dotó de un sexto sentido para el juego, de la intuición de los peloteros únicos ¿O fue iluminación divina su asistencia providencial en la Serie Divisional de 2001 contra Oakland?  Y por si fuera poco tuvo la suerte de los campeones, como cuando un fly al right se volvió  jonrón por obra y gracia de un niño entrometido que con su guante de fanático le arrebató un out a Tony Tarasco en la Serie de Campeonato de 1996. Ese cuadrangular desvió el curso de la serie, condenó a Baltimore y empujó a Nueva York a su primer clásico de octubre en quince años.
Los Yanquis volvieron a ser los Yanquis con Jeter. Renacieron con Jeter y el resto del Core Four, del que era el último sobreviviente. De ahí el enorme significado de la presencia en su despedida de El Bronx de Mariano Rivera, Andy Pettitte y Jorge Posada. El retiro de Jeter, un Yanqui genésico, salido de las entrañas de la institución, representaba el fin de la última dinastía del club más ganador de las Grandes Ligas. Tal fue su envergadura que se llevó consigo “la voz de Dios”, la de Bob Sheppard, que tronó por última vez desde el más allá poco antes del teatral batazo del veterano de 40 almanaques.  
Tan glorioso y a la vez tan accesible. Recuerdo la única vez que lo entrevisté. Fue durante un spring training en el clubhouse del Legends Field, el predio primaveral de los Bombarderos en Tampa, Florida. Cuando me le acerqué temí que dijera que no tenía tiempo, o que lo tenía contado. En cambio respondió con un cordial ¡seguro!”. Pacientemente soportó mis balbuceos en inglés, que le dieron risa, al punto de decir: “Este chico necesita un traductor”.  Contestó, de buena gana, todo lo que le pregunté. Se tomó la licencia de gritarle a Bob Abreu, su compañero de equipo por entonces: “Hey, Bobby, aquí están preguntando por ti”.  
En una época cuando el deporte es industria y los atletas productos, Derek Sanderson Jeter, de Pequannock, Nueva Jersey,  es el héroe que le devuelve al juego la fibra emocional que le da el ser. Y eso vale mucho. Porque a este negocio lo mueve la pasión de los fanáticos. Sin ilusión, sin corazón, no hay millones. Y Jeter llega al alma de la gente por su carisma y entrega.
¿Derrotas? Tuvo algunas, pero pocas que mencionar, como cuenta un pasaje de My Way.  No fue Más Valioso, por ejemplo, ni campeón bate. Sufrió reveses duros, como perder la Serie de Campeonato de 2004 después de irle ganando 3-0 a los Medias Rojas. Pero afrontó todo y se mantuvo de pie como dice la canción, su canción. Dentro de seis años, siempre como en My Way, Derek Jeter expondrá su caso, el cual, estoy seguro, lo llevará a Cooperstown en su primer intento. Y será inmortal, como siempre, a su manera.
Derek Jeter no era, nunca lo fue, el mejor pelotero de todos. Pero su aura, su aire mítico, su respetabilidad, su majestad, hacen de Derek Jeter un embajador del juego, un símbolo, un personaje  irremplazable en este momento.  Hoy no hay otro como él. Se fue Jeter y cada quien lo recordará… a su manera.  
PD
Y hablando de todo, como los locos, ¿Qué actor encarnará a Jeter cuando su vida llegue a la gran pantalla? Pueden dejar aquí sus nombres.    

martes, 3 de noviembre de 2015

Freddy García: abanderado y as de Venezuela en la Premier 12



Carlos Valmore Rodríguez
Freddy García trajinó la camisa nacional por última vez el 14 de marzo de 2006, cuando aceptó  una carrera y cuatro hits en igual cantidad de innings a República Dominicana. Ocurrió durante el juego que eliminó a Venezuela en la segunda ronda  del primer Clásico Mundial. En una semana se la pondrá de nuevo, no en el Clásico ni ante bigleaguers como Albert Pujols, David Ortiz y Adrián Beltré, sino para el nacimiento de la Copa Premier 12, un certamen internacional que reúne a los países mejor ubicados en el ranking de la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol.
García tomará la pelota  contra México el próximo 10 de noviembre en la ciudad taiwanesa de Taoyuan, hospedaje de la Vinotinto en la instancia inicial del torneo, en el cual el pelotón tricolor formará parte del grupo B junto a Estados Unidos, Corea del Sur, República Dominicana y los mexicanos. Será el pitcher de la batalla inaugural.  “Asumiremos esta responsabilidad con humildad para representar a nuestro país con orgullo. Todo el equipo está preparado para realizar un buen campeonato y ganar el título de este torneo de tanta importancia”, dijo García durante la ceremonia de abanderamiento por parte del ministro del Deporte, Pedro Infante.
Por más que García haya ganado 156 encuentros en las mayores, por encima de cualquier otro serpentinero venezolano, el mánager Luis Sojo no lo eligió como as de la rotación por su pasado, sino por su presente. “El primer juego es contra México y él viene de lanzar allá, de manera que puede conocerlos”, explicó su decisión el piloto, quien tiene previsto soltar al diestro Felipe Paulino contra la selección de Estados Unidos y al también derecho Carlos Monasterios ante Corea. Los tres lanzaron en el circo máximo, al igual que Fernando Nieve, a quien vislumbra como cerrador.
Sojo expresó su disgusto por la escasa cooperación de los elencos de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional para con el equipo que defenderá a la Nación. “Le negaron el permiso a varios de los que estaban en la lista y que ahora no podrán representar a Venezuela”, lamentó Sojo. “Pero al menos los peloteros que están acá son los que quieren estar, no hay nadie obligado. Todos tienen un gran compromiso”.
Sojo adelantó que entre José Yépez y Juan Apodaca se repartirán la receptoría. Luis Jiménez y Francisco Caraballo se alternarán como inicialista y designado. Rayner Olmedo será el camarero y Gregorio Petit el campocorto. El custodio de la antesala será Mario Martínez. En los jardines, Frank Díaz custodiará el izquierdo, Jonathan Sivira el central y Juan Rivera el derecho. Entre todos ellos, el único "amateur" es Sivira, viajero frecuente de estas expediciones venezolanas por suelo ajeno. Sivira jugó en ligas menores con los Cardenales de San Luis.
Se trata de un plantel muy superior a los que puede armar Venezuela para estos torneos federativos. Una decena de sus integrantes tocaron el techo de las Grandes Ligas, incluso en el pasado reciente. Hay varios jugadores importantes en la liga incorporados al esfuerzo vinotinto. En comparación con lo ofrecido originalmente por las dividas de la LVBP, Sojo lleva un “dream team” al lejano oriente, a pesar de que ni siquiera los criollos que actúan en Japón, que se supondría serían de la partida, se inscribieron.  
         

El éxito de los Reales tiene ADN de Atlanta



Carlos Valmore Rodríguez
Dayton Moore convocó a su personal de confianza y dijo: “Ya tengo el equipo que quiero en la oficina. Ahora nos falta el que necesitamos en el campo”. Le tomó casi una década ensamblarlo y hace dos noches lo exhibió, ufano, en Nueva York.
La construcción de Kansas City, ahora el edificio más alto de las Grandes Ligas, comenzó por el penthouse, levantado con vigas y concreto traídos de Atlanta.  Hasta 2005, Moore ocupaba un cargo estratégico en las categorías menores de los Bravos. Al año siguiente le encargaron la refacción de los Reales, una obra que llevaba 20 años de abandono. Una fuerza telúrica lo arrastraba hacia Missouri: en su juventud, Moore era un fanático perdido de la novena azul. Remodelar la franquicia era para él una necesidad del alma.   
Como sabía que solo no podría, Moore reclutó a varios de los mejores ejecutivos que lo rodearon en la capital de Georgia. De allá se llevó a J.J Picollo, ahora jefe de personal de las filiales de los Royals y uno de sus principales consejeros. También a René Francisco,  quien se desempeñaba como director de scouteo internacional de los Bravos y que hoy, como uno de los vicepresidentes, es el responsable en Kansas City del programa de detección de prospectos en todo el globo terráqueo. Su unidad tramitó firmas como las de Salvador Pérez y Yordano Ventura.
Moore captó a otros de sus excolegas en Atlanta. Uno de ellos es Gene Watson, su asesor principal cuando de transacciones con otros clubes se trata y quien influyó en el movimiento que llevó a Missouri al jardinero Lorenzo Cain y al campocorto Alcides Escobar. Otro es Lonnie Goldberg, que como director de scouteo amateur fue el encargado de recomendar a jóvenes como Mike Moustakas y Eric Hosmer en el draft universitario. También enroló a Mike Arbuckle, quien tras su paso por los Bravos fue pieza esencial en la firma del núcleo de peloteros que llevaron a los Filis de Filadelfia a disputar dos Series Mundiales seguidas y ganar una. Junto con Arbuckle se fue Jim Fregosi Jr, otro miembro del team de arquitectos del nuevo palacio Real.   
Todos estos personajes estuvieron codo a codo con Moore fertilizando las feraces plantaciones de Atlanta. Y ahora son protagonistas a la sombra del triunfo de los Reales de Kansas City en la Serie Mundial de 2015. Antes de comenzar el clásico otoñal, Moore los reunió para recordar, en una nostálgica tertulia, los ingratos inicios, la campaña de cien derrotas con la cual se estrenaron, los últimos lugares y cómo se las arreglaron para vencer las sombras. “Misión cumplida”, proclamó. Se había honrado la promesa hecha a los propietarios de la organización: hacer que la realeza, tras tres décadas de destierro, recuperara el trono del beisbol.     
        

domingo, 7 de junio de 2015

Marco Davalillo estará en el nuevo cuerpo técnico de Magallanes



Carlos Valmore Rodríguez
Marco Davalillo, elegido dos veces como mejor mánager de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, será el coach de tercera base de los Navegantes del Magallanes en la temporada 2015-2016. Reemplazará a Víctor Oramas, quien se trasladará a la caja de primera en sustitución del exgrandeliga Edgardo Alfonzo, quien no repetirá como integrante del cuerpo técnico del equipo.
Davalillo fue el  piloto más destacado de la LVBP en el certamen 2007-2008, cuando dirigió a Caribes de Anzoátegui, y luego repitió en la lid 2011-2012, esa vez al frente de los Tiburones de La Guaira. También fue coach de la selección nacional de Venezuela en el Clásico Mundial de 2013 y es uno de los candidatos que maneja la Federación Venezolana de Beisbol para tomar el volante  de la Vinotinto en el CMB de 2017. Durante el campeonato pasado no trabajó en la pelota local, pero halló empleo como mandamás en el torneo mexicano de verano con los Rieleros de Aguascalientes. Regulará el tráfico hacia el home para El Almirante Carlos García, quien seguirá en el puente de mando.   
Roberto Ferrari, quien ayer fue escogido como nuevo presidente de la Junta Administradora de los Navegantes, informó que el instructor de lanzadores de la nave será el antiguo pitcher de Grandes Ligas Bronswell Patrick, quien jugó dos temporadas en las mayores y ahora tiene a su cargo a los monticulistas asignados a los Chihuahuas de El Paso, estación AAA de los Padres de San Diego. Patrick sabe de qué va esta liga porque vino en cuatro ocasiones como serpentinero importado, la última vez en la entrega 2005-2006. Se uniformó con los Leones del Caracas, los Cardenales de Lara y los Tiburones de La Guaira. Su efectividad global en ronda eliminatoria fue de 5.20 en 81.1 entradas. Tomará el lugar de Edwin Hurtado, quien a su vez suplió a Roberto Espinoza cuando este renunció y se fue a probar suerte a Taiwán.
El asistente a los bateadores será Leon Durham, un exartillero zurdo con diez campañas de recorrido por el circo máximo, donde fue convocado a dos Juegos de Estrellas –en 1982 y 1983- y ganó un Bate de Plata en 1982 con los Cachorros de Chicago. También se le recuerda por un costoso error que cometió como inicialista de los Cubs en el quinto desafío de la Serie de Campeonato de 1984 entre los oseznos y los Padres de San Diego, al estilo Billy Buckner con los Medias Rojas de Boston en la Serie Mundial de 1986. Se mantuvo en MLB entre 1980 y 1989 y se retiró como pelotero en 1995.  “Tiene 20 años de experiencia como técnico y actualmente trabaja con los Mud Hens de Toledo, la AAA de los Tigres de Detroit”, acotó Ferrari. Richard Hidalgo cooperará con él. Ramón García se mantendrá como coach de bullpen, en tanto que Omar Malavé y Gregorio Machado fueron ratificados como coach de banco y coach asistente, respectivamente.
Anoche quedó definida la nueva Junta Administradora, presidida por Ferrari. Maximiliano Branger fue reelecto como vicepresidente, Miguel Ángel Bello será el nuevo tesorero y Héctor Arias se estrenará como secretario. Gastón Brunicardi, Aldo González, Eduardo Mirabal, Andrés Degwitz y Mauricio Correa serán los vocales. “Esperamos recuperar el título perdido en la temporada pasada”, declaró Ferrari. “Le daremos oportunidad a varios pitchers criollos que vienen subiendo y a jóvenes como Eduard Pinto, José Rondón y José Briceño, que tendrán chance de estar en acción, sobre todo al comienzo del torneo”.