martes, 11 de diciembre de 2012

El río subterráneo de los Héroes del 44


Carlos Valmore Rodríguez 
En 1940, la pelota venezolana le estrechó la mano al mundo. Al año, lo conquistó. Y en 1944  el mundo vino a Venezuela para la VII serie de beisbol amateur.
Nunca antes un torneo deportivo de alcance universal se había efectuado aquí. Era la nuestra una sociedad aldeana, recién admitida en el siglo XX porque el XIX  se fue a 35 años de extrainning castrogomecista. Así que la visita de atletas forasteros, beisbolistas para colmo, conmocionó a Caracas.  Los predilectos, claro está, eran los anfitriones, varios de ellos “Héroes del 41”,  ansiosos de prorrogar la  hazaña y ser profetas en su tierra. Era el exitoso club Cervecería Caracas la casa matriz de este plantel, que se proponía  reavivar la llama de 1941, debilitada tras la derrota de 1942 y la ausencia de 1943.
Pero al principio todo era recelo.  Anidaba en el espíritu del público una confusa mezcolanza de militancia desbordada y cínico descreimiento. Entusiasmo no rima con escepticismo, ¿cierto? Pues los venezolanos amanecían frente a la taquilla para ver a la selección y la abucheaban a rabiar en sus partidos de fogueo. “Están fuera de forma”, recriminaba la feligresía. Ya entonces, y desde muy antiguo, el deporte nacional consistía en denostar de lo propio. “¿Cómo te explicas el pesimismo que reina aquí?”, le preguntó Federico Pacheco Soublette, periodista de El Nacional, al mánager de República Dominicana, Horacio Martínez. “Aberraciones del fanatismo”, ripostó el forastero. “Es un equipo formidable. Un poco fuera de forma, pero indiscutiblemente un gran ‘tim’”.  José Antonio Casanova, uno de los paladines de La Habana 1941 y ahora mánager-jugador a sus 26 abriles, se atrevió a hacer un vaticinio con copia a los hombres de poca fe: “Habrá que contar con nosotros para el pool ganador”.

Dominicana los “caribeó”
El debut de la novena diseminó la desconfianza. Venezuela mostró poca raza el 12 de octubre  en la derrota por 3-2 a manos de Panamá ante  14 mil fieles que asistieron al estadio Cerveza Caracas, uno de ellos el Presidente de la República, general Isaías Medina Angarita. Como consecuencia, Casanova hizo algunos tachones en el lineup y sentó al torpedero Rafael Olivares para inscribir como titular a Adolfredo González, con todo y su error mental que  costó el lance inaugural.
Las acciones se dispararon con la sonora felpa por 15-3 sobre Puerto Rico, aunque rápidamente volvieron a desplomarse luego de un “blanqueo”  infligido por Dominicana que propició la primera de tres grandes controversias que signaron a Venezuela 1944. Como es usual en estas  competiciones, el local juega a segunda hora (tanda vespertina), y al comenzar el último tramo Quisqueya gobernaba 2-0. El partido llegaba al poniente, y el sol caraqueño también. Los de casa, trocados en visitadores, empataron el score mientras los caribeños aplicaban operación morrocoy. Se tomaban hasta cinco minutos entre cada cambio de pitcher y, en el colmo del descaro, sacaban lanzadores sin siquiera enfrentarlos a bateadores. 35 minutos demoró esa alta del noveno. Cuando terminó, la bola no se veía. Y el “chief umpire” Teodoro Pacheco, que permitió el “filibusterismo” dominicano, anuló todo el episodio por falta de luz (aún no existía la iluminación artificial) y quedó en vigor el 2-0 reinante hasta la baja del octavo. Un episodio oscuro en todas sus acepciones. A Venezuela se le venía la noche, con dos fracasos en tres salidas.
Solo que siempre sale el Sol. Para la tropa de Casanova resplandeció a los tres días con el revolcón a Nicaragua por 10-0. El valenciano Luis “Mono” Zuloaga instauró una feroz tiranía desde el montículo. Sus tóxicas curvas abrieron las compuertas a una racha de cuatro lauros (siguieron festejos sobre Colombia, México y la todopoderosa Cuba) y así Venezuela se plantó en la próxima fase del torneo. Contra México, el zurdo carabobeño alcanzó las máximas cotas de dominio, con lechada completa de tres hits. “Nadie me pisó segunda y a los que llegaron a primera los sorprendí”,  testimonia Zuloaga a sus 92 ruedas. Que ningún mexicano desembarcó en la intermedia es un hecho certificado por los cronistas de la época. Y en ese lineup figuraba Bobby Ávila, quien en 1954 se encumbraría como el primer latinoamericano campeón bate de las Grandes Ligas.  “Para mí, enfrentarlo fue algo normal”, acota Zuloaga. “Yo tenía mi curva, que se le metía hacia el cuerpo a los bateadores”.
Venezuela siguió bateando en la ronda definitiva, que partió con sonrisas y carreras ante México (8-4). A Cuba le hizo siete, solo que los antillanos fabricaron nueve. Y tras la refriega, crisis. Los peloteros cubiches denunciaron tratos “vejatorios” por parte de la fanaticada caraqueña y solicitaron a sus dirigentes retirarse del torneo, como en efecto lo hicieron. “Es que tenían atravesada la espina de los dos jonrones que les dio Adolfredo González en un juego. Por eso se retiraron”, se mofa Enrique Fonseca, el catcher criollo aquella tarde. “Eso estuvo mal hecho, fue un gesto poco deportivo”.
Sprint hacia la corona
La derrota no amilanó a los anfitriones, que por el contrario aceleraron hacia el gallardete sobre un carro de fuego. Una descarga de doce carreras recibió Panamá. Otra de diez, México. Y el 18 de noviembre de 1944, en el último peaje, los nativos se la aplicaron por cuarta vez en el certamen a los mexicanos, ahora por 4-3. Dalmiro Finol pegó tres hits e hizo cinco outs;  Adolfredo González (suplente en la jornada inaugural) remolcó dos tantos. La defensa le jugó limpio al pitcheo.  Y “El Mono” Zuloaga impulsó una rayita y recibió una anotación en siete entradas desde la montaña. Aunque dejó las bases llenas en el séptimo, salió en hombros del coso de San Agustín. Lo bajaron cerca, o mejor dicho, lo sembraron. Vivió más de 40 años en la parroquia y casi siete décadas después de la gesta trabaja a pocas cuadras del punto sobre el cual se levantaba el viejo estadio donde alcanzó  el empíreo.  Su tienda deportiva es una referencia para los vecinos, aunque pocos saben que ese viejecito endeble, que habla duro y camina lento, alguna vez tuvo el planeta en el puño. “Yo seguí la hazaña de Canónico, el más importante de nuestros pitchers”, alude Zuloaga al célebre escopetero que humilló  a Cuba y entronizó a Venezuela en 1941.
Fue la del 18/N una victoria empañada por un tercer escándalo:  la defección de los mexicanos en la octava vuelta que obligó a Carrasquel, árbitro principal, a decretar forfait. Luis Romero Petit, Luis Enrique Fonseca y  “El Mono” Zuloaga, tres testigos presenciales, recuerdan que la mecha la prendió una jugada en primera. Fonseca ahonda en el detalle y afirma que quien corría hacia la inicial era su camarada Julio Bracho. Aquí lo que pasó, según crónica de Abelardo Raidi en El Nacional:  conclusión del octavo, partida empatada a tres y Venezuela en la batería. Con uno fuera, Héctor Benítez “Redondo” dispara petardo al derecho y Finol otro al izquierdo. Ramón “Dumbo” Fernández los mueve con rola por primera. El pitcher Bracho conecta rodado contundente por el short que “flumbea” Kilo Cruz. Este recupera la bola y lanza a la “virginal” a destiempo. Según el auxiliar Chaparro, Bracho llegó antes mientras Benítez se engomaba con el posible match point. Los mexicanos protestaron airadamente y, según Raidi, agredieron físicamente a los árbitros antes de abandonar el campo. “Los players aztecas olvidaron razonamientos y emocionados llamados de los parroquianos a seguir en la lucha, para encerrarse en una postura de intransigencia desde todo punto de vista criticable”, escribió Abelardo. Tras 24 outs, Venezuela se proclamaba  bicampeón universal de beisbol aficionado. Según El Nacional, un coro recorría las avenidas: “Jalisco no sabe perder”.
Mexicanos y venezolanos volvieron a enfrentarse, más tarde, en otro terreno. “Fue esa misma noche, en el ‘dancing’ de un francés que quedaba en el centro de Caracas”, evoca Romero Petit. “Fuimos a celebrar y estaban los mexicanos. Empezamos a decirnos cosas y luego nos caímos a puños. Se formó un lío. Volaron las sillas. Y el francés decía: ‘¡me van a desbaratar el negocio!”.
Las claves del triunfo
¿Cómo reverdeció Venezuela las glorias del 41?  Primero que nada, con el desarrollo de una febril industria maderera. El equipo abanderó la justa con 70 carreras en once compromisos, 18 por encima del segundo. Lideró el departamento de average colectivo, con .315 (cinco de sus titulares se ubicaron entre los diez principales bateadores). Su toletería culminó primera en hits (111), dobles (14) y jonrones (5).
Aunque luzca diferente, primaba la artillería ligera. El plantel de Casanova contaba pocos jonroneros, pero varios chocadores rápidos, juiciosos, pacientes. No en balde el conjunto que más boletos recibió (46) se llamó Venezuela. Al menos nueve de sus racimos de carreras descendían de pasaportes, frecuentemente negociados por Luis Romero Petit.  “Tocaba bien y me embasaba mucho, que es lo que se requiere de un primer bate como yo”, se ufana el ex antesalista. Se apelaba con frecuencia al expediente del infieldhit y hubo dos casos en los cuales el elenco confeccionó ramilletes sin sacar la bola del cuadro. “Es que antes el beisbol era pequeño. No se daban jonrones”,  dice con nostalgia Zuloaga. Igual, los locales botaron cinco pelotas.  
Venezuela se apoyó en la segunda defensa menos errática del Mundial y encaramó en la loma  al “Mono” Zuloaga, “champion pitcher” con foja de 3-0 y 0.95 de efectividad, la mejor de todas. Eso a fuerza de curvas, con el voto salvado del “Conejo” Fonseca, su receptor. “Él y yo peleábamos todo el tiempo porque le pedía que no lanzara tantas curvas para cuidarle el brazo”, sostiene el antiguo careta. Zuloaga nunca hacía caso.  Así era él,  voluntarioso, imperativo. “El que mandaba era yo”,  ríe a mandíbula batiente.
El “tim” venezolano estaba curtido. La palabra amateur no lo definía. “La mayoría no lo éramos”, confiesa Romero Petit. “Teníamos años jugando contra profesionales. A veces enfrentábamos a soldados americanos, algunos de los cuales eran grandeligas que cumplían el servicio militar. Por eso éramos superiores”. 
Casanova acertó su pronóstico, que hasta corto se quedó. Los agnósticos creyeron y se encaramaron sin rubor al tren ganador. Y Venezuela pasó una feliz Navidad, la última con toda la humanidad en guerra.      

EL DATO
La primera elección universal, directa y secreta que hubo en Venezuela se hizo para escoger a la Reina del Mundial de 1944.  Se votó en todo el país y ganó Yolanda Leal con el apoyo de 24.580 personas. Oly Clemente llegó segunda

El Dato
Un grave problema que tuvo la serie fue la reventa. Había entradas que se negociaban por fuera hasta siete veces por encima de su valor oficial.
El Dato
El comité organizador del torneo era de lujo. Los tres delegados eran Pablo Morales (por años propietario de los Leones del Caracas y miembro del Salón de la Fama del Beisbol Venezolano), Ignacio Luis Arcaya (luego sería conocido como el “Canciller de la Dignidad”) y el afamado novelista Miguel Otero Silva. 
Este era el equipo venezolano campeón de 1944

Pitchers                                     Número del uniforme
Luis “Mono” Zuloaga”  (Z)                  11
Jorge Arrieta                  (D)                  5
Ramón “Dumbo” Fernández (Z)         14
Plácido Delgado (D)                           15
Valentín Arevalo (D)                           13
Juan de Mata (D)                                    17
Víctor García (Z)                                    9
Julio Bracho (D)                                    4                                   

Catchers                                    Número del uniforme
Guillermo Vento                                    20
Enrique Fonseca                                    2

Infielders                                     Número del uniforme
Antonio Bríñez                                    3
Dalmiro Finol                                    12
José Antonio Casanova                           7
Luis Romero Petit                                    10
Adolfredo González                            6
Rafael Olivares                                    18
Eduardo Pérez                                    16

Jardineros
León Díaz                                             8
Héctor Benítez                                    3
Félix Machado                                     1

Box score del juego que tituló a Venezuela
Anotación por entradas
México         000         000         03X         -3
Venezuela         020         001         01X         -4

México                           AB         C         H         O         A         E
R. Ávila 2B                           4         0         1         5         5         0
H. Leal CF                           2         0         0         1         0         0        
J. Díaz 1B                           4         1         1         9         0         0        
F. Vázquez RF                  2         0         0         0         0         0        
L. Montes de Oca 3B         4         0         1         0         4         0        
E. Cruz SS                           3         0         0         4         2         1
B. López C                           3         0         0         2         0         0        
G. Garibay LF                  4         0         2         2         0         0
G. Ortegón P                  2         0         0         0         1         0
A. Uriarte (1)                  0         1         0         0         0         0
J. M. Castro RF                  0         1         0         0         0         0
J. Guerrero P                  0         0         0         0         0         0
F. Alcaraz P                           0         0         0         0         0         0
TOTALES                           28         3         5         23         12         1
(1)  Bateó por G. Ortegón en el 8º inning
Venezuela                           AB         C         H         O         A         E
A. González SS                  4         0         1         1         3         0
L. Romero 3B                  4         0         1         3         2         1
A. Bríñez 1B                  3         0         1         8         0         0        
G. Vento LF                  4         0         0         1         0         0
H. Benítez CF                  3         2         1         1         0         0
D. Finol 2B                           4         1         3         5         1         1
R. Fernández RF                  4         0         1         0         0         0
L. Zuloaga P                  3         1         1         0         2         0
E. Fonseca C                  2         0         0         5         2         0
J. Bracho P                           1         0         0         0         1         0
TOTALES                           32         4         9         24         11         2
El Juego fue declarado “forfeited” a favor de Venezuela en el 8º inning
Sumario: hit a los pitchers: a G. Ortegón7 en 7 innings; a J. Guerrero 2 en 1 1/3; a F. Alcaraz 0 en 1/3; a L. Zuloaga 4 en 7 (ningún out en el 8º); a J. Bracho 1 en 1
Struck outs: G. Ortegón 2, L. Zuloaga 3
Bases por bolas: G. Ortegón 3, L. Zuloaga 5, J. Bracho 1
Double plays: E. Fonseca a D. Finol; A. González a A. Bríñez; J. Bracho a E. Fonseca a L. Romero; E. Cruz a R. Ávila a J. Díaz.
Carreras limpias: a G. Ortegón 3 en 7; a L. Zuloaga 1 en 7
Bases robadas: L. Romero
Golpeados por el pitcher: E. Cruz (J. Bracho).
Quedados en base: México 7, Venezuela 8
Tiempo de juego: 2 horas, 30 minutos
Umpires: señores C. Carrasquel, L. Chaparro, F. Malpica, R. Olivo.
Anotador oficial: Herman Ettedgui
Jugado en el Estadium Cerveza Caracas.
Caracas, 18 de noviembre de 1944

sábado, 8 de diciembre de 2012

1940: el fermento vinotinto

Carlos Valmore Rodríguez
Mientras Hitler incendiaba Londres como un Nerón transalpino, Venezuela entraba en la tercera guerra mundial del beisbol.
El país se mantuvo neutral en la primera, librada en agosto de 1938 entre Estados Unidos e Inglaterra con asombroso desenlace: filicidio británico y  capitulación yanqui. También se mantuvo al margen en 1939, año uno del yugo cubano. En septiembre de 1940 la pelota nacional, que ya había exportado un grandeliga, amplió sus miras y traspuso los linderos de su Hinterland bolivariano y centroamericano, que empezaba a quedarle pequeño. Se le había abierto el apetito expansionista.    
En el capítulo tres de la Serie Mundial Amateur, la República ingresó a la ONU del beisbol. Asistió antes, como selección, a torneos regionales, mas era la hora de darse una vuelta por la aldea global. El  26 de agosto de 1940 la infantería patriota desembarcó en La Habana con ganas de conquistar un planeta desconocido.  
Luis Romero Petit, único sobreviviente de aquel equipo fundacional, recuerda que fue el periodista Abelardo Raidi quien insertó a Venezuela en el ajedrez de las naciones. “Antes hubo un equipo que viajó a unos Juegos Centroamericanos, pero era la primera vez que se iba a un mundial. Fue una sorpresa para mí”, recuerda Romero Petit con una retentiva inigualable a cinco años de cumplir el siglo. “Yo vivía en Maracaibo, pero en 1939 viajé a Caracas a jugar beisbol con el Centauros. Creo que fue ahí donde me vio Abelardo. Resulta que él me fue a buscar a Maracaibo y me dijo; ‘prepárate, que te vas para Cuba a representar a Venezuela’. Yo le respondí: ‘pero cómo es eso, voy a perder mi trabajo aquí’. Me contestó que todo estaba arreglado, que ya había sacado el permiso”.  
A Raidi le costó Dios y su ayuda organizar esa expedición. Había recabado más de mil dólares en competencias de exhibición, pero faltaba plata. Logró convencer al gobierno de Eleazar López Contreras para que sufragara la mitad de los gastos. La otra mitad la puso la gente en colecta pública. Solo así pudieron zarpar los beisbolistas en el vapor La Habana,  que los llevaría al teatro de operaciones. 
 “Lo que conseguimos en Cuba  fueron rivales muy fuertes”, apunta Romero Petit. “Nicaragua, Estados Unidos, México, Puerto Rico. Hasta había un equipo de Hawai, bastante poderoso y conformado por estadounidenses y japoneses” (había también muchos nativos del archipiélago).
El protocolo de recepción para Venezuela lo encabezó Nicaragua, un escuadrón que ya le había ganado a su par suramericano en batallas regionales. El legendario cronista Herman “Chiquitín” Ettedgui escribió el día antes del partido en el diario El Universal que el zuliano Hernán Hernández, “joven, corpulento, con velocidad y buen repertorio de curvas”, saldría como lanzador abridor del bando tricolor  y que su compañero de batería sería el también zuliano Guillermo Vento.
El 15 de septiembre de 1940, mientras las bombas de la Luftwaffe atravesaban la niebla perpetua de Londres y espolvoreaban muerte por toda la capital imperial, Venezuela suspendió su cabeza sobre la pila bautismal. En efecto, Vento fue el catcher, mas sobre la lomita se acomodó Valentín Arévalo, aunque por poco tiempo, pues salió en el segundo episodio. La toletería nica, con jonrón de Jonathan Robinson y triple productor de Stanley Cayasso, respaldó  la opresiva labor de su tirador José Ángel Meléndez, a quien sus enemigos ni siquiera pudieron pisarle la segunda. “El Chino” le colgó nueve ceros al pabellón de siete estrellas y se apuntó el triunfo por 5-0.  
La reconstrucción que hizo Ettedgui del inning inaugural de Venezuela en su trayectoria mundialista es extensible al resto del pleito. “Meléndez lanza por Nicaragua y le recibe Miranda. Pérez juega yo-yo, Petit fallece con globo a la izquierda, Redondo pega un temporal por la izquierda, Guevara rolea al short y sale forzado”.  La partida de nacimiento de las selecciones nacionales en torneos ecuménicos llevaba una derrota en el membrete. La firmaron José Pérez Colmenares, Luis Romero Petit, Héctor Benítez “Redondo”,  Federico Figueredo, Candelario Guevara, Guillermo Vento, Valentín Arévalo, Félix “Tirahuequito” Machado  y Atilano “Inga” Malpica como miembros principales. Al menos “Redondo” encontró consuelo al abrir la cuenta de los hiteadores criollos en contiendas  planetarias. Pero más se perdió en la guerra. Y no era un decir.  En La Habana se hablaba de disparos y cañonazos solo en sentido figurado. En la vieja Europa esas eran expresiones literales de una infernal cotidianidad.    
Venezuela no se desmovilizó ante la derrota ni dijo no juego más. El siguiente contrincante se llamaba México, un adversario que debía ser tratado de usted. Igual deferencia merecía Rafael Kinsler, el escopetero de Cagua que venía a acaudillar el contraataque. El 17 de septiembre, cuando la Royal Air Force hacía de la Normandía ocupada una tea que alumbraba el Canal de la Mancha, los nativos desataban un tardío, aunque devastador raid sobre los aztecas en el noveno acto para ganarles 6-1 y hacerle justicia a Kinsler, que se atrincheró sobre la colina durante nueve actos, apenas toleró dos hits y una carrera. “Kinsler se portó”, relató Ettedgui al día siguiente en El Universal. “Estuvo enorme en la lomita. Trabajando de manera sensacional fue deshaciéndose de los bateadores contrarios en forma tan terminante que apenas un par de inatrapables le conectaron en todo el desafío”.
Kinsler  (“un magnífico pitcher y un tipo muy serio”, a decir de Romero Petit) estuvo a punto de arar en el mar Caribe. Venezuela apenas fabricó una anotación en los ocho episodios iniciales y se atascó en las almohadillas hasta que vino el incesante cañoneo del noveno.  “El cuadro azteca se estaba defendiendo muy bien”, escribió Ettedgui en las páginas de El Universal. “Pero cuando empezó el noveno episodio, un carnaval de batazos saludó a los lanzamientos de Carlo Daza, pitcher derecho de nuestros rivales, y cuatro criollos pisaron la goma. “Inga” Malpica comenzó ese episodio recibiendo un boleto de libre tráfico. Un toque sacrificio de Kinsler lo llevó a la intermedia y un sencillo de José Pérez hasta la goma. Esa carrera rompió el empate, pero los siguientes bateadores de Venezuela no se dieron por satisfechos. Petit se embasó después de conectar un roletazo violento por segunda. Redondo se acreditó hit con machucón al pitcher…y Vento ligó una línea incogible por el campo central para dos carreras más”.  Este rally es el certificado de origen de todos los triunfos con la V en el pecho. Los muchachos celebraban en el estadio La Tropical justo cuando los Stukas de Hermann Goering vaciaban sus panzas cargadas de devastación sobre la gente y la sombra del nazi-fascismo oscurecía medio continente.  
Con el transcurrir del torneo, y como la aviación alemana en la Batalla de Inglaterra, Venezuela se fue diluyendo y cerró en la cuarta casilla, con balance de 5-7. Escoltó a Cuba, Nicaragua y Estados Unidos. “Era un equipo débil, tenía muchos jóvenes inexpertos”, explica Romero Petit. “El shortstop y la segunda base creo que eran muy novatos para enfrentar a equipos tan poderosos como los que vimos ahí”. La novena dirigida por Manuel “Chivo” Capote bateó poco, lanzó sin puntería y fildeó con un bloque. “El verdadero desastre ha sido el fielding”, declaró a la prensa el cubano Joseíto Rodríguez, uno de los integrantes del cuerpo técnico. “Cuando uno comete un error, parece que se abriera un grifo para dar paso a los siguientes”. 
A Romero Petit le quedó el inestimable bien de la experiencia. Y no solo a él. “Abelardo Raidi se dio cuenta de que para ganar esa competencia tenía que llevar un equipo más fuerte”, apunta el marabino. “Y entonces buscó mejores peloteros para el año siguiente”. Ese era 1941, el año héroe del deporte nacional. El experimento de 1940 fue el punto de partida, el fermento para dar con la fórmula del campeón, la levadura  que más tarde  esponjaría el orgullo patrio y el frenesí por el beisbol. “En la serie de 1940 se gestó el triunfo del 41, pues me di cuenta de que necesitábamos más pitchers y menos jonroneros porque el parque medía como 600 pies, nadie daba jonrones”, recordaría Raidi 61 años después. Y en el mundo  se necesitaba cordura, pues lo que se propagaba era el virus del odio, que terminaría en la peor tragedia de la especie humana. Su propia existencia llegaría a la cuenta máxima.  
     

Box score del primer partido de Venezuela en competencias mundiales

Nicaragua AB C H O A E
Girón 2B 3 1 0 1 3 0
Hernández 3B 4 0 0 1 3 0
Cayasso CF 4 1 3 1 0 0
Laccayo LF 4 1 1 1 0 0
Robinson 1B 3 1 1 16 0 0
Miranda C 4 1 1 4 1 0
Valecillo RF 4 0 1 0 0 0
Navas SS 4 0 0 3 5 0
Meléndez P 3 0 0 0 6 0
TOTALES 33 5 7 27 18 0

VENEZUELA AB C H 0 A E
Pérez 1B 4 0 1 15 0 0
Petit 3B 4 0 0 2 3 0
Redondo CF 3 0 1 4 0 0
Guevara LF 2 0 0 0 0 0
Figueredo RF 3 0 1 0 0 1
Vento C 3 0 0 2 2 1
Arévalo P 0 0 0 0 1 1
Machado 2B 3 0 1 2 2 0
Malpica SS 2 0 0 2 4 0
R. Hernández P 3 0 0 0 1 0
Vivas (X) 1 0 0 0 0 0
TOTALES 28 0 4 27 13 3
ANOTACIÓN POR ENTRADAS
C H E
Nicaragua 011 100 002 5 7 0
Venezuela 000 000 000 0 4 2

SUMARIO: Home Runs: Robinson
Three Base Hits: Cayasso, Laccayo
Hits a los pitchers: A Meléndez, 4 en 9 innings, a Arévalo, 2 hits en 1/3, a R Hernández 5 en 7 2/3.
Struck outs: Meléndez 4, Arévalo 0,  R. Hernández 2.
Bases por bolas: Meléndez 1, Arévalo 0, R. Hernández 1
Dobleplays: Girón a Navas a Robinson. Navas a Robinson.
Carreras limpias. Girón, Robinson, Cayasso, Laccayo. QEB: Venezuela 2, Nicaragua 3. Bases robadas: Girón, Valecillo, Robinson.
Pitcher ganador: Meléndez
Pitcher perdedor: Valentín Arévalo
Jugado el 15 de septiembre de 1940 en el estadio La Tropical de La Habana       
El Dato
La primera carrera de Venezuela en torneos mundiales la anotó Atilano Malpica y la remolcó José Pérez Colmenares
Dato:  José Pérez Colmenares fue el mejor bateador de Venezuela en la Serie, con 17 hits en 44 turnos (.386).
Dato: Rafael Kinsler fue el primer venezolano en lanzar completo en un Mundial. Lo hizo ante Hawai. Kinsler también le ganó a México dos veces